Empezaremos citando a Max Horkheimer y Theodor Adorno
que nos dicen: “La industria cultural sigue siendo la industria de la
diversión” (Horkheimer y Adorno, 1988, p.10), a pesar que el fútbol es una
diversión para muchos, también paso a ser un gran negocio en el mundo del
deporte.
El mundial del 2014 llevado a cabo en Brasil, nos demuestra que este es un
país que al momento tiene grandes problemas económicos, pero aun así,
eso no impidió, que en el año anterior se invirtiera en la remodelación de 12 sedes
para que se desarrollen los partidos de ese año, recomendado por la FIFA.
Un
claro ejemplo de este desperdicio de dinero es el estadio Arena Amazonia de
Manaos, el cual su remodelación tuvo un costo total de US$ 240 millones, eso sin mencionar que su
mantenimiento tiene un costo de US$ 222.563,
un monto que la ciudad no puede costear.
Podemos
ver que a pesar de que fue uno de los eventos que dio mucho de qué hablar
durante un mes y un poco más (en lo que duro el mundial), el gasto que se
produjo en renovar todas las instalaciones para el juego, pudo haber sido
utilizado en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y así tal vez en este
tiempo estarían mucho mejor económicamente.
En
estos momentos la situación de Brasil es crítica, incluso ya se canceló el
carnaval en 48 ciudades, el cual suele celebrarse una vez al año, esto debido a
diversas situaciones por las que está pasando el país, entre ellos problemas
económicos.
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